Su velero, que Almirante, Era un grano de arroz en medio del Mediterráneo. Mientras comía el último trozo de pollo seco, sonrió ante una idea: seguramente nadie más que él sabía que todavía estaba vivo. Él tampoco podía creerlo. Habían pasado once días y nadie lo había buscado durante cuatro días. «Sabía que era hombre muerto, pero aún no estaba muerto».
Sigue leyendo


