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Luis Alcón ha visto arder la Vall d’Uixó tres veces en sus 68 años de vida, pero nunca había tenido el fuego a las puertas de su casa. El incendio que comenzó el pasado sábado y que aún continúa activo es el peor de todos para este ganadero: el único en el que sintió que podía perder la vida entre las llamas. El monte donde está su finca ganadera, el lugar donde vive con sus 35 toros y bueyes, parecía seguro hasta que el viento cambió esa tarde. En cuestión de minutos, el fuego cambió de dirección, enviando una lengua de fuego hacia el ganado que cuida desde los 12 años, el lugar donde Luis dejó atrás sus más de cinco décadas de trabajo. «Estos animales son mi familia, no podía dejarlos aquí», afirmó el ganadero, que esperó a ser evacuado hasta conseguir poner a salvo a seis de los toros que permanecían en un corral destruido por las llamas.
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