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No me duelen las acciones de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena. Esto es lo que expresó Martin Luther King en su lucha por la dignidad humana, y esto es lo que recuerda Baltasar Garzón cuando analiza la situación de la justicia en España y en el escenario internacional. Es muy peligrosa la estrategia de confundir el respeto a la justicia con silencio, indiferencia y hacer la vista gorda ante el comportamiento de algunos jueces y administraciones judiciales que deberían preocuparse por los ciudadanos y no por los intereses más oscuros de las esferas de poder. La literatura suele penetrar en el interior de la vida para preguntar por los sentimientos de las personas ante los acontecimientos públicos. El nuevo libro de Baltasar Garzón, Democracia amenazada (Planeta, 2026) adopta el enfoque opuesto. Se parte de las situaciones que vivieron él, Dolores Delgado o Álvaro García Ortiz para reflexionar con minuciosidad sobre el deterioro de la convivencia democrática y la responsabilidad de los poderes que manipulan el poder judicial. Eugenio Raúl Zaffaroni, ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tenía toda la razón al observar que la violencia penal no es un fenómeno exclusivamente jurídico, sino esencialmente político.
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