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Con sólo cuatro palabras – “Sí, sin los franceses” – Mariano Rajoy logró añadir emoción al primer partido España-Francia. Lo supiera o no, su artículo había vuelto a centrar la atención en un tema que ya había sido el tema central de otra Copa Mundial. Fue en 1998, precisamente en Francia, cuando la victoria del equipo dirigido por Zidane se celebró como un triunfo de la diversidad francesa y pareció zanjar el debate sobre la capacidad de un equipo étnicamente diverso para encarnar una nación europea; así parecía.
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