
Advertisement
La Audiencia Nacional, creada durante el periodo de transición para investigar, perseguir y combatir el terrorismo de ETA y el “crimen complejo”, celebrará en los próximos meses su 50 aniversario y afronta el reto de repensar su estructura. A pesar de la disolución de la banda armada vasca y el descenso de los casos de terrorismo, los departamentos judiciales llevan años al borde del colapso, con importantes retrasos en el inicio de los juicios y con jueces sobrecargados que piden refuerzos. El presidente del organismo, Juan Manuel Fernández, ha enviado una carta a jueces y fiscales pidiéndoles que consideren cambiar competencias. El tribunal también ha solicitado ya la integración de nuevas tropas.
El debate sobre la reestructuración de la Audiencia Nacional no es nuevo, pero cobró fuerza tras el asesinato de dos guardias civiles en Barbate (Cádiz) a principios de 2024, cuando los agentes fueron atropellados por una patera narco. El PP y el PSOE estuvieron dispuestos a reformar la legislación, pero al final no se logró ningún avance. Y el cóctel al que se enfrenta es explosivo, según múltiples fuentes jurídicas: falta de recursos y una carga de trabajo que no deja de crecer; y una distribución de poder que les impide hacerse cargo de las investigaciones de algunas organizaciones criminales importantes y al mismo tiempo los obliga a resolver asuntos que podrían remitirse a los tribunales ordinarios.
De hecho, hace más de una década, los fiscales comenzaron a advertir que las competencias de la Audiencia Nacional estaban “obsoletas” y “superadas por la realidad jurídica”; y que es necesario modificar el artículo 65 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que regula sus funciones. “Parece imprescindible redefinir las competencias para transformar definitivamente este órgano en una institución judicial especializada no sólo en la represión y persecución del terrorismo, el narcotráfico o la delincuencia organizada, sino también en los delitos más graves contra la Constitución y el orden público, los delitos contra la seguridad exterior del Estado y la delincuencia organizada de alto nivel”, dice el informe del Ministerio de Estado de 2015.
Advertisement
La delincuencia ha experimentado enormes cambios en las últimas décadas: han surgido nuevas formas de terrorismo; complejas redes de inmigración ilegal y tráfico de drogas; un delito socioeconómico cada vez más sofisticado que evoluciona a una velocidad vertiginosa… Sin embargo, los cambios en la ley se están produciendo mucho más lentamente. Por ejemplo, según varias fuentes, esta parálisis ha llevado a la Audiencia Nacional a aceptar investigaciones contra organizaciones de narcotráfico sólo si operan en dos o más provincias de España, pero no si tienen su sede en una provincia y también operan en el extranjero, situación muy común en los grandes atentados del crimen organizado. La Fiscalía General y la Fiscalía Antidrogas insisten desde hace cinco años en que esto representa una carga real en la lucha contra estos casos, ya que tribunales pequeños (sin recursos suficientes y a menudo muy ocupados) tienen que ocuparse de casos muy complejos.
“La competencia de la Fiscalía de la Audiencia Nacional por los delitos contra la salud pública y el blanqueo de capitales derivados de estos delitos no se corresponde con la realidad del crimen organizado”, enfatizó la Fiscalía Antidrogas, dirigida por Rosa Ana Morán. En la misma línea se pronunció la Procuraduría General de la República: “El narcotráfico ha evolucionado y desarrollado una dimensión global, digital y económica sin precedentes, con alianzas entre estructuras criminales transnacionales que van más allá del modelo actual que asigna competencia al tribunal nacional”.
Lo mismo ocurre con la trata de personas a gran escala, que se esconde detrás de casos de explotación sexual y laboral. Fuentes judiciales señalan que es necesario adaptar la redacción de la ley para que el tribunal nacional asuma el control de las cadenas que emiten en el extranjero, aunque tengan su sede en una sola provincia.
También están en el punto de mira las macroestafas piramidales, que han resurgido con el aumento de las inversiones en criptomonedas. En este caso, algunos jueces explican que estos casos “hunden” sobre el papel a los juzgados centrales de instrucción, cuando en realidad podrían ser juzgados en tribunales ordinarios, y “objetivizan” los criterios para que sólo acudan a juicio aquellos con una alta tasa de víctimas: “Más de 500 víctimas, por ejemplo”, sugieren. La referencia actual es la jurisprudencia del Tribunal Supremo, que establece que el tribunal regional se ocupa del asunto si el fraude supera los siete millones de euros.
Otro juez señala la anomalía de que a pesar de que la Cámara de Apelaciones fue creada hace casi una década, los recursos de extradición que se conocen hoy continúan pasando por el pleno de la Sala Penal en lugar de presentarse directamente ante la Cámara de Apelaciones.
Al mismo tiempo, varias voces nos recuerdan que muchos de estos conflictos jurisdiccionales pasan tanto por la sala penal como por el Tribunal Supremo, y como resultado se pierde un tiempo muy valioso en la investigación. Si un juez considera que el asunto no debe llevarse ante el tribunal nacional, pero la acusación o una de las partes cree que sí debe, el conflicto debe resolverse. Por ejemplo, en la investigación contra la aerolínea Plus Ultra, la fiscalía anticorrupción intentó sin éxito continuar la investigación en el tribunal regional. Lo mismo ocurrió con el caso contra el teniente coronel de la Guardia Civil David Oliva -exjefe antinarcóticos en Andalucía tras la creación de OCON-SUR- que fue analizado inicialmente en la Audiencia Nacional pero finalmente acabó en un juzgado de Parla.
En este contexto, Juan Manuel Fernández –quien asumió la presidencia en abril de 2025– sugirió a sus colegas que es hora de hacer propuestas concretas. Algunas fuentes hablan de la posibilidad de crear varios grupos de trabajo (sobre extradición, tráfico de drogas, delitos económicos y delitos contra las altas instituciones) para discutir las competencias previstas por la ley. Según fuentes fiscales, ya han comenzado las discusiones sobre un borrador.
El colapso
Al mismo tiempo, el tribunal regional exige recursos al Ministerio de Justicia para implementar la nueva ley de eficiencia, que entró en vigor el 1 de enero y cambia el paradigma de los tribunales. El Presidente de la Sala Penal, Alfonso Guevara, envió una carta de alarma a la sede de la Corte Nacional de Justicia el 10 de julio de 2025 sobre el colapso: “La situación actual en la que se encuentra la Sala Penal de la Corte Nacional de Justicia y, en mayor medida, la Sección Segunda, se debe al elevado número de procesos con muchos imputados y numerosas pruebas, lo que determina la larga duración del juicio oral”.
En este sentido, la Fiscalía Anticorrupción afirmó en su reciente informe que la mitigación de retrasos irrazonables -es decir, debidos a retrasos en la tramitación de los casos- es en muchos casos casi automática y los delincuentes se benefician de ello. “Llama la atención que las mayores demoras en estos procesos muchas veces no se dan en la fase de investigación, sino en la llamada fase intermedia, cuando se han cumplido estas complejas instrucciones y la acusación ya ha sido presentada por el fiscal”, explicó el fiscal jefe Alejandro Luzón.
Esto significa que pueden pasar muchos años desde el final de la investigación hasta el inicio del juicio. Y hay muchos casos que lo demuestran. El pasado mes de noviembre comenzó la vista contra Jordi Pujol y sus hijos, aunque la investigación finalizó en 2020. El juicio contra él se desarrollará en 2026 maleta de cocina contra, entre otros, Jorge Fernández Díaz (exministro del Interior del PP) y Francisco Martínez (exsecretario de Estado de Seguridad) por una orden que finalizó en 2021. En el mismo ejercicio, parte de la caso lezo en el campo de golf Canal Golf, por el que el expresidente madrileño Ignacio González no comparecerá ante la justicia hasta 2027.
Esa misma semana, el exministro de Transportes, José Luis Ábalos, dimitió de su mandato en el Congreso, por lo que parte de su investigación sobre manipulación de obra pública acabará en la Audiencia Nacional al ya no tener competencias. Esto significará inevitablemente que el proceso se prolongará durante años, como ya predicen fuentes jurídicas. No sólo porque el exdiputado tiene ahora más opciones que el Tribunal Supremo para recurrir si finalmente es condenado, sino porque, para proceder a un eventual juicio, el caso debe ponerse a la cola de todos los que esperan en este órgano un hueco en el calendario.
Fuentes judiciales explican que una veintena de causas se encuentran acumuladas en la sala penal, a la espera de fecha de juicio, pero no tienen días libres ni oportunidad de concretarlos. Por ello, el presidente Fernández ha comunicado al Consejo General de Justicia (CGPJ) la necesidad de crear un departamento completamente nuevo en la Sala Penal, además de tres comisiones de servicios para una misma sala; así como el establecimiento de dos tribunales centrales adicionales para dirigir los procedimientos y dos divisiones adicionales en la Cámara Contenciosa y Administrativa.
Los abogados de turno dimitirán del tribunal regional
Las precarias condiciones en las que trabajan los defensores públicos de la Audiencia Nacional han llevado a muchos de ellos a renunciar a sus cargos en el organismo. En procesos que pueden prolongarse durante meses o años, los abogados reciben sólo 244,95 euros netos por caso, según el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM). Esto lleva a salarios por hora ridículos si se cuentan los viajes y los tiempos de preparación de casos, que a veces se convierten en instrucciones monstruosas. “No se puede exigir la máxima responsabilidad y especialización en temas macro manteniendo tarifas que ni siquiera cubren el coste real del servicio”, advirtió esta semana el decano de la facultad, Eugenio Ribón. El presidente de la Audiencia Nacional, Juan Manuel Fernández, ha expresado su «preocupación» por las consecuencias que esta dimisión podría tener en la defensa de muchos imputados que necesitan un abogado de oficio. El Ministerio de Justicia, del que dependen estos pagos, está en conversaciones con el ICAM para revisar el sistema.
