
En la tarde del 15 de noviembre de 2019. Llama al servicio de urgencias 112 Andalucía. Al otro lado de la línea, un vecino denunció que se escucharon disparos en una vivienda de la urbanización Alvarito Playa, al este de Marbella (Málaga, 159.786 habitantes). Minutos después, agentes de la Policía Nacional que arribaron al lugar encontraron un cadáver, mucha sangre y una persona tirada en el suelo pero aún con vida. Fue el inicio de una operación llamada Hemo que terminó rápidamente: se resolvió con la detención de tres personas entre enero y febrero de 2020. Nadie esperaba que la justicia lo abordara con tanta calma desde entonces. Según la fiscalía, el juicio está previsto para el próximo mes de abril, seis años y medio después de los hechos, y los tres imputados se encuentran en libertad por algún tiempo con medidas cautelares. Según fuentes del Tribunal Supremo de Andalucía (TSJA), estaba previsto para el pasado mes de noviembre pero se retrasó porque el nombramiento de uno de los abogados defensores coincidió con otra acusación en Granada.
La situación no es nueva. La acumulación de casos en el poder judicial provoca un retraso constante en la resolución de muchos delitos y acuerdos en la Costa del Sol. Las fuentes de los fiscales son conscientes de la gran carga de trabajo y de la escasez de recursos a su disposición. El último informe de la Fiscalía de Andalucía pone de manifiesto que la delegación de Málaga está “particularmente saturada”. Y el informe del TSJA también destacó que “el poder judicial andaluz sigue mostrando cifras extremadamente llamativas de pendencias y retrasos, un contexto que envía un mensaje y una percepción inevitable a la sociedad: una justicia lenta e ineficiente”. Además, fuentes policiales se quejan reiteradamente de que pasan varios años desde el momento de la investigación hasta la valoración de los hechos, lo que da lugar a situaciones como atenuantes por dilaciones injustificadas, que conllevan una reducción de las penas. O que los imputados enviados a prisión como medida cautelar saldrán en libertad cuando hayan cumplido la máxima pena legal, como ocurrió con los miembros del clan Los Suecos que fueron juzgados en 2023, cinco años después de sus crímenes. “Dado que es tan difícil encontrar a los malos durante la investigación, hay que rezar para que se presenten para el juicio”, dijo un agente involucrado en la Operación Hemo.
Los tres imputados en este caso se encuentran en libertad, todos con obligación de comparecer periódicamente ante el tribunal y prohibición de salir del territorio español. Por un lado, el presunto autor intelectual, un español de 54 años, que fue detenido en enero de 2020 y, tras ser procesado judicialmente, trasladado a una prisión improvisada hasta que fue “liberado” unos meses después, según fuentes de la fiscalía. Por otro lado, los dos presuntos autores de los hechos, dos hombres de nacionalidad rumana de 29 y 39 años, fueron detenidos en Rumanía en febrero de 2020 en base a una orden europea de detención y entrega y posteriormente extraditados a España. Permanecieron en prisión poco más de dos años, “tras los cuales fueron puestos en libertad por haber superado el plazo máximo establecido por la ley”, afirman las mismas fuentes. La Fiscalía solicita inicialmente una pena de prisión de 37 años; y 38,5 años por segunda vez. Estaba previsto que los tres comparecieran a juicio el lunes 17 de noviembre ante un jurado popular, pero el TSJA informó que el juicio fue suspendido porque uno de los abogados asiste a otro en Granada, «y las fechas coinciden». Por eso está previsto para la primavera de 2026, seis años y medio después de los hechos.
Investigaciones policiales complejas
El relato del fiscal explica que los dos imputados, como autores materiales, llegaron al proyecto Alvarito Playa en un Volkswagen Passat aquella tarde de otoño sobre las 18.30 horas. Entraron en el domicilio de las víctimas, ambas de nacionalidad marroquí, con quienes habían concertado una cita. Una vez dentro, les dispararon con dos pistolas calibre 38 milímetros, “con la intención de quitarles la vida a ambos”. Cada sicario disparó a uno de los hombres. Uno de ellos, de 66 años, recibió un disparo por debajo de la clavícula que salió por la espalda, provocándole la muerte, según el documento fiscal. El otro, de 55 años, recibió tres disparos en el hombro, la pierna y el estómago. Esto le provocó varias lesiones que le llevaron a pasar 153 días ingresado en el hospital y posteriormente pasó por la sala modular de heridos del Hospital Puerta del Mar (Cádiz), participó en un programa de neurorrehabilitación en el Hospital Los Madroños y (Madrid) y también visitó un centro de la Fundación Aprona, que trabaja con personas con diversidad funcional en Estepona.
Los agentes que llevaron a cabo la operación, miembros del Grupo II de la Unidad de Delincuencia y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional en Málaga, dedicaron «muchas» horas a recoger información de las cámaras de vigilancia para reconstruir los pasos anteriores y posteriores de los asesinos que cometieron este crimen, según uno de los investigadores que llevó a cabo este trabajo. Sin embargo, la información les permitió identificarlos en poco tiempo y además saber que se habían reunido con las víctimas dos días antes en el Hospital Costa del Sol de Marbella. Lo habían hecho en presencia de una tercera persona, un viejo conocido de la policía que estaba vinculado con el robo de dinero y bienes a organizaciones criminales en la costa malagueña. La principal hipótesis es que en esta reunión y en otra del día anterior los acusados se habían ganado la confianza de las víctimas y habían aceptado trabajar con ellas para vender droga, aunque en realidad las habían engañado para que cometieran un robo.
El cabecilla fue detenido en enero en una casa donde había permanecido escondido desde el crimen y de la que rara vez salía. Los otros dos sospechosos habían huido a Rumanía, por lo que los agentes solicitaron una orden de detención internacional y pidieron ayuda a las autoridades policiales de ese país, que lograron localizarlos y detenerlos en febrero de 2020.
Los fiscales exigen 37 años de prisión para el presunto autor intelectual del crimen por un delito grave de asesinato, otro de intento de asesinato y otro de pertenencia a organización criminal con posesión de armas. Para los presuntos sicarios que dispararon también se suma un delito de tenencia ilegal de armas, por lo que se suman otros 18 meses, por lo que se solicita una pena de prisión de 38,5 años para cada uno de ellos. Además, la fiscalía exige una indemnización de 200.000 euros para los familiares del fallecido, así como 26.280 euros por las lesiones causadas al herido y otros 99.000 euros por las consecuencias, esperando que durante el juicio se esclarezca la responsabilidad civil por el estrés postraumático sufrido tras el tiroteo.
