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Campanas revoloteando y bombardeos de helicópteros en el cielo: Robert Prevost llega a Santa Cruz de Tenerife y la gente corre por las calles para acercarse a la ruta del Papamóvil. Un hombre fuma tranquilamente en un banco de la calle. Este viernes, es difícil encontrar a alguien como Aaron Santana dando vueltas en las sombras, ajeno al loco tráfico. No es fácil encontrar a alguien que no tenga motivos para seguir el camino del Papa, por devoción, porque es un día histórico, por curiosidad, porque algo así sólo ocurre una vez en la vida, porque el hombre es popular o porque la televisión le ha implantado el virus en el cuerpo. El obispo de Roma es el chico malo de Santa Cruz. Pero Aarón Santana es ateo y director de finanzas, tiene 42 años y para él escuchar al Papa es lo mismo que escuchar un discurso “de esa señora que pasa”, subraya la acera. ¿Pero toda esa gente corriendo para acercarse al papamóvil? «Es un mundo de ovejas», dice. Fuma tranquilamente.
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