
Una semana después del accidente, las víctimas de los trenes Alvia e Iryo, que colisionaron el pasado domingo y dejaron 45 muertos, empiezan a encontrar formas de unirse, organizarse y ayudarse mutuamente. La noche del accidente se creó un pequeño grupo de WhatsApp, nacido en el Hospital Alto Guadalquivir de Andújar (Jaén) y que estos días está ganando peso. En esta charla ya participan unas 80 personas directamente afectadas por el descarrilamiento o sus familiares. De momento el objetivo no es judicial, pero afirman que es lógico que todo “conduzca por este camino”.
Mario Samper es uno de los primeros integrantes de la plataforma y actúa como orador improvisado, aunque recalca que no es así. Ni él ni nadie más, porque de momento se están organizando horizontalmente. “El espíritu del grupo es ayudarnos mutuamente en cuestiones laborales, de salud y asistenciales”, describe en conversación telefónica con este diario. Explica que se están expresando todo tipo de dudas: como afectados que no saben cómo coger las bajas laborales, familiares que han sido contactados por abogados a pesar de que el Consejo General de la Abogacía de España prohíbe la contratación activa de víctimas de accidentes o catástrofes, o personas que se quejan de no tener unas directrices claras por parte de Renfe sobre cómo contactar con las aseguradoras.
La noche del accidente, Samper viajaba en el vagón 4 del tren Alvia que circulaba de Madrid a Huelva. “El coche del superviviente”, dice. Estaba dormitando y escuchando la radio con sus auriculares. Cadena SER cuando un impacto inicial, “no muy fuerte”, como él mismo lo describe, le sacó de su letargo. Escuchó un ruido extraño, luego se fue la luz y el convoy comenzó a moverse con un traqueteo cada vez más violento. Todo acabó con una frenada “muy brusca”, maletas volando y mucho humo.
Los pasajeros inicialmente supusieron que había un incendio en el tren, lo que provocó “pánico”. Samper gritó a todos que intentaran reconducir la situación. No puede asegurar si vio a la inspectora de Alvia que se pegó porque, según afirma, vio «mucha gente con sangre en la cabeza». Él y otras personas con heridas leves fueron finalmente trasladadas al Hospital de Andújar. “Renfe nos dejó de la mano de Dios”, subraya. Allí atendieron a todos, unas seis personas, y a medianoche fueron liberados, pero ningún teléfono de la empresa pública les contestó. “Llamamos a cinco o seis teléfonos y no nos atendieron”, afirma. Entonces surgió la idea de crear un grupo de WhatsApp para intercambiar información.
Finalmente, Renfe se puso en contacto con ellos y les dijo que la aseguradora les enviaría algunos coches. Pasaron la noche en vela en el hospital y a las ocho de la mañana cogieron varios taxis para llevarlos a sus casas. Samper fue trasladado a Huelva y desde entonces ha estado coordinando con otros viajeros del tren. De momento no han buscado un abogado común ni se han constituido oficialmente como asociación, pero explica que “lo lógico” es que todo desemboque en acciones legales. En primer lugar, por supuesto, deben resolver los problemas más inmediatos de todas las víctimas.
