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Quince años después del 15-M, tanto los que estuvimos allí como sus críticos debemos reconocer dos cosas: que nada ha cambiado, pero que después nada volvió a ser igual. Resultó que tampoco había arena de playa bajo los adoquines de la Puerta del Sol, pero sí parecía haber una brújula bien calibrada: la indignado Predijeron, a veces con asombrosa precisión, qué problemas y debates traerían las próximas décadas.
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