El olor a abandono impregnó el humo y la destrucción en Las Médulas (El Bierzo, León, población 75) el 11 de agosto. Los vecinos lamentaron el incendio de este Patrimonio de la Humanidad, cuyo plan de actuación de la Junta de Castilla y León caducaba en 2022, porque «lo vieron venir». El 27 de agosto, durante la visita del Rey y del presidente Alfonso Fernández Mañueco (PP), ondeó una pancarta: «Queremos futuro, no cenizas. El pueblo también es patrimonio». Los bercianos rogaron por la dedicación más allá del valioso yacimiento romano y desconfiaron de la Junta. La predicción se ha hecho realidad: se están realizando numerosas inversiones en el mirador turístico quemado, pero también existen obstáculos para la reconstrucción de los edificios quemados. El gobierno regional reconstruirá las casas quemadas, pero les dará dinero directamente, menos del que querían los vecinos, para trabajar en los terrenos que originalmente habían prometido ocupar.
Dos núcleos urbanos caracterizan la comunidad del mismo nombre como la mina romana. Uno de ellos fue el de un aula de arqueología que fue vandalizada durante el verano y donde se continuó trabajando activamente a pesar de estar cerrada durante dos años por falta de pago. A su derecha se encuentran los restos de un restaurante carbonizado, O Camiño Real, cuyo propietario emigró unos kilómetros más allá, hasta Carucedo (480 hab.). Allí, Javier Vega, de 58 años, atiende en un bar vacío. «Aquí pude sobrevivir», suspira, con «subidas y bajadas» del alquiler que paga con el producto del garito y los 73.000 euros que pagó la junta, insuficientes para sus pérdidas: «Mi casa, mi negocio, mis coches, mi vida se quemaron». Una casa cercana en venta que necesita renovación ya cuesta esa cantidad. Arriba, casi llorando, pisa escombros entre árboles negros: «No queremos el dinero, pero para que puedan construir, la junta directiva cambió de opinión de la noche a la mañana, así no lo habría derribado todo y seguiría mi propio camino». Vega observa con celos los trabajos en el aula arqueológica y reniega del mirador de madera brillante por donde aparecen los turistas, reconstruido con un coste de dos millones: «Es un desperdicio».

La junta, que garantizó la reconstrucción de las viviendas afectadas, no tiene en cuenta las pérdidas del hotelero, ya que se trata de un terreno rústico en el que ya no se puede construir, dejando a Vega sin residencia. Los bercianos y muchos vecinos critican que el personal de construcción de viviendas les asegurara que también convertirían los “edificios adicionales” para usos diversos. Muchos aceptaron derribarlos, pero ahora les dijeron que les darían dinero sin que la junta se hiciera cargo de la obra, lo cual lamentan porque si hubieran sabido eso no hubieran permitido que todo se derrumbara y hubieran tomado algunas precauciones. Mónica Pérez, de 53 años, alzó esta pancarta en agosto y lleva meses respondiendo a EL PAÍS sobre la situación, asegurando que inicialmente la Autoridad de Vivienda, encabezada por María Pardo, ahora número uno del PP por Valladolid, recomendó derribar estos inmuebles y asumir la responsabilidad. Todo en palabras: “Tenían prisa por limpiar las ruinas”.
“Lo único que existe por escrito es un correo electrónico del ayuntamiento, siempre cuestionamos a la junta, pero lo dijeron varias veces, hasta el día que firmamos el acta insistieron”, se queja el interesado. La mujer denuncia los ritmos en el mirador, mientras las casas dañadas ni siquiera tienen andamios. «Teníamos claro que lleva años lloviendo millones para Las Médulas sin ningún cambio, nos sentimos impotentes, pero ya estamos acostumbrados. Estuvimos a punto de no dejar que retiraran los escombros, pero prometieron tanto… Dejaron los escombros al lado de las casas», critica Pérez, a quien le quemaron una casa antigua, donde no hay trabajo como en ninguna otra. «Nos han dicho que tengamos paciencia, que tal vez no haya trabajo hasta septiembre u octubre porque tenemos que sacar permisos de Heritage. Así funciona, aunque pensamos que en lo que respecta a la junta podrían acelerarlo si quisieran. Lo único que empezaron a hacer en la clase de arqueología es que los permisos para esto parecen ser más rápidos». La persona en cuestión se refiere a una vecina cuya madre «ha fallecido recientemente y no ha liquidado la herencia. Le dice que no le dará la subvención hasta que todo esté en orden y que tiene que tenerla antes de 2027». Portavoces del organismo aseguran que “se está llevando a cabo la preparación del proyecto para la reconstrucción de las cinco viviendas afectadas y las subvenciones para la reconstrucción de las dependencias”.

Otra víctima, Judit López, de 49 años, se queja de que inicialmente le hablaron de una subvención de 66.000 euros, que se redujo a 57.000 euros para una encantadora casa de madera construida en 2013, que no figura entre las que la autoridad está remodelando. «¡Dijeron que mi casa no era tradicional para justificar ese dinero solo! ¡No era prefabricada, mi papá la hizo construir a medida!» grita. En agosto se convirtió en cenizas y ruinas. Reitera que la Junta les ha informado que deben aceptar estos fondos y asegura: «Desde hace 15 años, ponen en la puerta un cartel destacado y grande que dice que la Junta de Castilla y León pagó por nuestra casa. Ellos apoyan este cartel».
